Camino o Carrera

La promesa que no fue

A los veinte años era una promesa. Cuando estaba por cumplir los cuarenta, alguien me dijo: «Caerás en la cuenta de que sos la promesa que no fue».

Si la vida fuera SOLO una carrera, esas palabras podrían sonar a derrota. Pero hay algo que no decían esas palabras: qué camino ibas transitar, ni qué llevarías a cuestas.

Escribo esto a los cuarenta y uno. No porque tenga algo resuelto que vos no, sino porque durante largos años me faltó Paz y recién ahora puedo vislumbrar una pequeña porción de ese aprendizaje. A lo mejor, esto que encontré también te sirva.

Librarse del engaño

Hace un tiempo leí unas palabras de Confucio sobre las edades de la vida:

A la edad de quince años, mi mente se inclinaba al aprendizaje.
A los treinta, me paré firme.
A los cuarenta, estaba libre de todo engaño.
A los cincuenta, comprendí las Leyes de la Providencia.
A los sesenta, mis oídos estaban atentos a la Verdad.
A los setenta, podía seguir los «soplos» de mi corazón sin rebasar la mediana.

— Confucio

Entiendo algo de esa sensación: estar lejos de la meta y, aun así, tener cada vez más claro qué camino quiero transitar.

Hay caminos que prometen aprendizaje, logros, esa sensación de estar completos. Y después de recorrerlos, lo que queda se parece más al vacío.

Cuesta no llamar «tiempo perdido» a esas horas. A mí también me cuesta. Pero siempre algo nos dejan. No hay solo pérdida; también hay reconstrucción.

Vas a ver, el día y la noche. Vas a entender que todo no es derroche.

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Entonces, la vida, ¿es un camino, una carrera o las dos?

Así lo voy entendiendo:

1. Se siente un camino cuando vas en Paz.
2. Una carrera, cuando tenés clara la Meta.
1 + 2 Y también son las dos, en equilibrio.

El apuro por llegar

A los músicos esto nos toca de cerca. Escuchamos «carrera musical» y enseguida aparecen esas palabras: llegar al éxito. Como si hubiera que apurarse, como si detenerse a comprender algo fuera quedarse atrás.

¿Y el camino? ¿Quién agarra el megáfono para hablar también del camino?

El arte es un medio de expresión. No quisiera que la ansiedad por llegar nos apure a expresar algo que todavía no comprendemos.

Me pasó. Hay obras propias que después pesan, no por haberlas hecho, sino por reconocer cuánto había en ellas de esa urgencia por no quedar atrás. Lo cuento porque también es parte de hacer música, aunque no suene tan lindo como hablar de los logros.

¿Y porque comprenderlo no me dejó a salvo? Porque somos humanos, bien esta el dicho que dice: «El humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra». Puedo decir que cuando eso pasa, no queda otra que volver a levantarse.

Volver no siempre es retroceder

Antes me disgustaba escuchar que la vida tenía «idas y vueltas». Había lugares a los que no quería regresar, vivencias que no quería repetir. Malos recuerdos.

Con el tiempo descubrí que volver no siempre es retroceder. A veces reaparece algo que quedó sin resolver. Es la oportunidad de que podamos hacer algo distinto.

Esa es mi conciliación con la carrera: enfocarse en el camino sin perder de vista que hay una Meta.

Porque solo ver el camino puede llevarte al letargo. Y solo ver la meta puede hacerte perder el camino.

Camino a una meta

Lo de ser «la promesa que no fue» no lo siento hoy como una condena. Me ayuda a mirar con más humildad qué esperaba de mí y qué quiero de verdad.

Desde que tengo memoria de mis pensamientos de adultez, hay un anhelo que sigue ahí: hacer de este mundo un lugar mejor para vivir, con menos sufrimiento. Y eso significa sentir una Paz que no se vaya a cada rato.

Por eso escribo. No para mostrarte cuánto avancé, sino para abrir un canal que nos encuentre camino a la Meta.

Si algo te pesa o no te deja conciliar el sueño, ojalá encuentres un poco de compañía en estas palabras. No tengo una manera de ahorrarnos las idas y vueltas. Apenas esto que también necesito recordar:

Tiempo al tiempo y paso a paso se sube el Everest. No hay otra manera de hacerlo a pie.

Te envío un cariño inmenso. Ojalá que estés bien.

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