Ver el avance

Cuando uno se propone hacer algo, la mente va directo al resultado final. Ve todo listo, terminado, brillando. Ve lo que podría ser. Y hay algo hermoso en eso, porque sin esa imagen no habría impulso. Pero también hay algo que esa imagen esconde: el camino. Y el camino es donde pasan las cosas reales.

Las ideas no tienen límites. Eso es verdad. Pero la vida sí los tiene, y cada uno los suyos. Hay quien tiene tiempo pero no recursos. Hay quien tiene ganas pero no sabe cómo. Hay quien sabe pero le pesa el miedo. Nadie llega al mismo punto desde el mismo lugar. Y sin embargo, todos los que crean algo, pasan por lo mismo: el momento en que lo que hicieron no se parece a lo que imaginaron.

Ese momento puede paralizarte o puede enseñarte algo.

Hoy es sábado 23 de mayo. Tengo un video listo para publicar, una publicación para YouTube y un carrusel para Instagram. Lo hice el jueves, hace apenas dos días, y ya lo miro con distancia. Ya veo lo que le falta, la distancia entre lo que pensé y lo que quedó. Y me pregunto, con honestidad, si eso es ver o si simplemente estoy mirando.

Porque ver y mirar no son lo mismo.

Mirar es quedarse en la superficie. Es comparar lo que hiciste con lo que imaginaste, o peor, con lo que otros muestran. Es ser espectador de tu propio trabajo. Ver, en cambio, es atravesar. Es llegar a lo que hay detrás de la apariencia y encontrar ahí la verdad de lo que pasó.

¿Y qué pasó? Que lo hice. Que no existía y ahora existe. Que hace unos meses ese video me habría costado el doble de tiempo, el doble de dudas, el doble de miedo. Que hay algo en mí que avanzó, aunque yo no lo esté viendo con claridad todavía.

En estos meses aprendí cosas que no tenía planeado aprender. Perdí miedos que no sabía que cargaba. Cometí errores que no repetiré. Y construí algo, pieza por pieza, aunque ese algo todavía no tenga el brillo que le imaginé al principio.

Eso es el avance. No la gloria. El avance.

Y lo difícil de verlo es que no llega de golpe, no hace ruido, no aparece en una sola imagen. Está en la suma de todo lo que hiciste sin rendirte. Está en las decisiones pequeñas que tomaste cuando nadie te miraba. Está en haber seguido aunque no supieras bien cómo.

Lo que complica las cosas es que solemos comparar nuestro proceso con el resultado ajeno. Vemos lo que otro logró y lo miramos como si hubiera caído del cielo, sin ver todo lo que esa persona tuvo que atravesar para llegar ahí. Sus propias limitaciones, sus propios jueves de trabajo silencioso, sus propios sábados de duda.

Si pudiéramos ver eso en el otro, veríamos mejor lo nuestro.

Hay algo que entendí haciendo este proyecto: que bajar una idea a tierra no es traicionarla. Es respetarla. Porque una idea que se queda sólo en la mente no le sirve a nadie, ni a vos, ni a mí. La realización, aunque imperfecta, siempre vale más que la perfección imaginada.

Y en ese acto de realizarla, algo cambia en vos. Querés o no querés, algo se mueve. Las barreras no desaparecen, pero se te aparecen de otra manera. Ya no como un muro, sino como algo que tiene altura medible, que podés calcular, que podés escalar de a poco.

Eso es lo que quiero que te lleves de esto. No lo que yo hice, sino lo que vos podrías hacer con lo que ya tenés. Porque todos tenemos algo que quiere ser hecho, algo que vive en la cabeza esperando que le demos un poco de tierra donde pararse.

Notas de Autor

Este domingo 25 de mayo, a las 20 hs Argentina, voy a estar en vivo por YouTube compartiendo lo que este proceso me permitió crear. Sé que el tiempo fue corto para avisarte con anticipación, y si no podés estar en el momento, el directo queda grabado y lo podés ver cuando quieras desde este link. Si podés acompañarme, me alegra. No para mostrarte lo que logré, sino para ver juntos, de verdad, lo que es posible cuando uno decide avanzar aunque no tenga todo resuelto. Te mando un abrazo. Ojalá estés bien. Cris

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